martes, 13 de octubre de 2015

El hielo como un mineral

dr Ricardo N Alonso

El hielo está formado por un átomo de oxígeno que se une a dos átomos de hidrógeno. Por lo tanto se clasifica en la sistemática mineral como un óxido.
No hay nada más seco, frío y muerto que el hielo. Pero al mismo tiempo forma parte del ciclo natural del agua y de la vida. Esto encierra profundas paradojas. 
Donde se asienta el hielo, la vida desaparece. Las plantas no crecen sobre el hielo. Donde hay hielos permanentes ciertas formas de vida animal se adaptan, pero viven en condiciones rigurosas. 
El planeta Tierra pasó por épocas de hielos absolutos como fueron los tiempos a fines del Precámbrico donde se transformó en una bola helada (Snow Ball). A ese periodo se le dio el nombre de Criogénico, etimológicamente de la génesis del hielo. 
Se conocen para esa época dos eventos de intensas glaciaciones que son las épocas Sturtiana y la Marinoana a los 700 y a los 630 millones de años atrás respectivamente. 
Se piensa que en aquella época el planeta entero se convirtió en un mundo helado tal como lo son actualmente algunos de los satélites de Júpiter o Saturno. 
Al derretirse los hielos y sobrevenir los tiempos cálidos se disparó la vida y también se produjeron grandes depósitos de calizas. 
La vida ediacariana, que comprende un reino completo extinto (los Vendobionta), se desarrolló luego de las grandes glaciaciones precámbricas. Al igual que grandes mantos de calizas que cubren amplias regiones de los viejos escudos precámbricos y que junto a otras rocas conforman los cimientos de los continentes. 
En Salta y Jujuy, más precisamente en Las Tienditas, y en Volcán en la Quebrada de Humahuaca, se encuentran unas calizas negras que podrían ser restos de algunas de esas antiguas glaciaciones del Criogénico. Pero no fueron las únicas. Se registraron muchas más durante el Eón Fanerozoico que abarca los últimos 540 millones de años de la edad del planeta. 
Las últimas de ellas en el Periodo Cuaternario, periodo dominado por los humanos y también llamado Antropozoico. 
Precisamente a los hielos les debemos por un lado el haber establecido un puente entre América y Asia que permitieron las migraciones del hombre en el Pleistoceno a través del estrecho de Bering y también el haber empujado a los paleo-cazadores y recolectores hacia las latitudes más bajas con lo cual llegaron a América del Sur y cruzaron el continente hasta alcanzar la Tierra del Fuego. 
Un famoso científico del siglo XIX, Luis Agassiz, estaba convencido que las extinciones masivas de vida, que algunos creían producto de un diluvio, eran en realidad "diluvios de hielo", esto es grandes glaciaciones que abarcaban desde los polos hasta el ecuador. 
Hace muchos años, comenté en estas mismas notas una fascinante historia de amor sobre este tema, que tuvo como protagonista a un discípulo de Agassiz, el Dr. Charles Frederick Hartt (1840-1878) de la Universidad de Cornell. 
Estamos acostumbrados al hielo porque es un producto de la vida diaria. Sin embargo ese hielo, el que obtenemos en la heladera o en el frezzer, es un hielo artificial un producto del ingenio humano. 
El hombre ha logrado crear unas 17 fases o tipos distintos de hielo sometiendo el agua a diferentes presiones y temperaturas. 
En sentido contrario, el hielo que forma la naturaleza es considerado técnicamente un mineral. Y además uno de los más abundantes minerales sobre la superficie terrestre ya que no solamente forma los casquetes polares sino también amplias superficies en regiones frías de los continentes y de las altas montañas. 
Al conjunto de los hielos se los agrupa en una subunidad de la hidrósfera que es la criósfera. 
El hielo es uno de los tres estados del agua en la naturaleza: los otros dos son el agua líquida y el vapor. Se forma cuando las temperaturas descienden a cero grados centígrados. Está formado por un átomo de oxígeno que se une a dos átomos de hidrógeno. 
Por lo tanto se clasifica en la sistemática mineral como un óxido. Cristaliza en el sistema hexagonal. Es incoloro y trasparente, pero puede llegar a tener un color azul cielo y volverse translúcido cuando retiene menos del 20% de burbujas de aire. 
Esto ocurre normalmente en la base de los glaciares a medida que la nieve se endurece y pasa primero al estado de hielo granular, luego al firn o micrónico y finalmente al hielo azul. Resulta interesante que las burbujas de aire conservadas en el hielo son un excelente documento de la composición de la atmósfera en el momento en que cayó como nieve. 
Además junto a la nieve se depositan imperceptibles partículas de polvos eólico, cósmico, volcánico y además para los últimos siglos, los registros de la actividad humana incluidos los contaminantes industriales y los valores anómalos de radiactividad generados por las explosiones atómicas. Se han obtenido testigos de perforaciones que abarcan los últimos 300 mil años y conservan la memoria del clima desde entonces. 
Esto tiene un enorme valor para quienes se dedican a estudiar los climas del pasado y sus variaciones antes y después de la irrupción del hombre industrial. 
El hielo es frágil y se rompe con una fractura concoidea. Su dureza es de 1,5 en una escala de 10 (Mohs). Esta es la dureza normal. 
Sin embargo cuando el hielo alcanza temperaturas muy bajas sufre transformaciones que lo hacen aumentar su dureza. Con 44 grados bajo cero su dureza aumenta hasta 4 y cuando la temperatura alcanza los 77 grados bajo cero su dureza llega a 6. Ambas temperaturas se pueden alcanzar sin problemas en algunas regiones polares y en Siberia. Especialmente en la Antártida donde están los records mundiales con casi 93 grados bajo cero. Con la especial dureza en función de la temperatura, la capacidad abrasiva del hielo se vuelve muy alta, sobre todo cuando el viento lleva esas partículas y las impacta contra las rocas. 
Esto es importante cuando se piensa en fenómenos similares en planetas fríos del sistema solar. Cuando el agua se congela, aumenta 11 veces su volumen, con lo que el hielo tiene una densidad menor que el agua y flota sobre ella. Su densidad es de 0,9 o sea que un metro cúbico de hielo pesará 900 kilogramos, o sea 100 kilos menos que un mismo volumen de agua. El hielo flota en agua y además se derrite en agua que actúa como su propio solvente. Como se parece al vidrio su brillo es vítreo y si lo raspamos sobre una superficie rugosa deja una raya blanca. 
El hielo es un mineral frío y mortal para la vida. Sin embargo por encima de cero grados centígrados se derrite, se convierte en agua y alimenta los ríos de deshielo y los acuíferos de aguas subterráneas. Con lo cual la vida florece. Igual que en esos valles alpinos que se llenan de hierbas y flores cuando desaparecen los hielos. Tal como se aprecia, el hielo tiene características singulares y de allí su extraña paradoja existencial en el mundo natural.

Mineros salteños en Potosí

Dr Ricardo N Alonso

El caso de una distinguida familia salteña que acaudaló una importante fortuna en el cerro Rico de Potosí, la mina de plata más famosa del mundo, es una historia poco conocida por no decir desconocida. Efectivamente no hay ningún lugar en el planeta donde se haya concentrado tanta plata en un solo punto como en aquel extraordinario cerro de la actual Bolivia.
Desde su descubrimiento oficial en 1545, hasta hoy en que aún se encuentra en plena actividad, la montaña ha producido decenas de miles de toneladas de plata. 
Gran parte de la historia colonial de América del Sur y más precisamente la economía de nuestra región giró durante siglos con epicentro en el Potosí. 
Salta fue la plaza más importante de mulas en el mundo según relata, entre otros, Concolocorvo, las que abastecían las faenas mineras y todos los trabajos de amalgamación y amonedación de la plata. Hasta ahí la historia es bastante conocida.
Cuando se ingresa al cementerio de la Santa Cruz en Salta, se observan grabadas allí, entre tumbas y mausoleos, miles de páginas de historia donde yacen sus propios protagonistas. Héroes y sabios, ricos y poderosos, estadistas y ciudadanos de a pie, todos comparten un espacio que es parte de la memoria colectiva de nuestro pueblo. 
Apenas se traspasa el pórtico, a mano derecha, está el mausoleo de quien fuera un hombre rico, empresario próspero y fundador de una familia notable: Serapio Ortiz. Serapio, junto con sus dos hermanos Francisco de Paula Ortiz y Manuel Ortiz, formaron una empresa familiar para la explotación de plata en lo que se llamaba la "ribera" de Potosí. 
El objetivo era el beneficio de relaves y escombreras que habían quedado al pie del cerro desde las épocas de esplendor y que a pesar de ser muy ricas no lo eran tanto como el mineral que provenía de las vetas vírgenes del cerro.
Los Ortices, como llamaban en Potosí a los salteños Ortiz Santos, comenzaron con un capital propio que llevaron desde Salta y pronto adquirieron ingenios para el beneficio de los metales, nuevas minas y socavones, contrataron más y más personal del lugar, pagaron mejores salarios, cuidaron la seguridad de su gente y todo ello les llevó a posicionarse como los principales productores de plata de la ribera. Esto les acarreó problemas de distintas índoles con mineros y azogueros nativos de la región. 
Los cambios políticos les trajeron aparejadas expulsiones y expropiaciones, juicios arreglados y otra suerte de complicaciones. A pesar de todo, ellos siguieron trabajando cuando pudieron hacerlo o dejando a cargo a su gente de confianza. 
Contaron con un valioso apoyo en las cuestiones legales ya que su abogado principal fue el talentoso salteño Facundo de Zuviría. 
El doctor Facundo de Zuviría y Escobar Castellanos (1794-1861) fue un jurisconsulto y político argentino que como opositor a Rosas tuvo que autoexiliarse a Bolivia. Fue presidente del Congreso Nacional que culminaría con la sanción de la Constitución Argentina, además de haber sido ministro de Relaciones Exteriores y miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. 
Una estatua de Lola Mora lo recuerda en Salta. Lo cierto es que entre 1833 y 1856 los tres hermanos Ortiz Santos fueron consistentemente los principales productores de plata de la ribera de Potosí. 
Quien se ha ocupado del tema en profundidad es el historiador escocés Tristán Platt. Según Platt, un examen de la trayectoria de los Ortices confirma la presencia de un ciclo minero que no se limita simplemente a reeditar los métodos tradicionales de la colonia caracterizados por la falta de trabajadores y el costo de los azogues (mercurio). 
Sostiene que por el contrario, los Ortices mostraban una actitud dinámica, innovadora y eficaz hacia los problemas de la azoguería del Cerro Rico, lo que merece un capítulo aparte en la historia de la minería republicana. La primera mención de los Ortices, según Platt, es de 1830, cuando Francisco de Paula Ortiz aparece como el conductor del ingenio de Jesús María, propiedad del conde de Carma. Sin embargo, Serapio Ortiz parece haber llegado a Potosí desde Salta alrededor de 1816, y siempre mantuvo contactos comerciales, y de vez en cuando residenciales con su ciudad de origen. Gran parte del éxito del trabajo realizado por los hermanos Ortiz fue la invención de una máquina de amalgamación de la plata por el método de los "patios circulares" que aliviaba la tarea de los mineros y permitía recuperar minerales de baja ley. 
En 1833 los Ortices eran los mayores productores de la ribera con una producción anual de 26 mil marcos de plata y daban trabajo directo a más de mil familias. La inspección de minas realizada por superior orden del gobierno en 1841 encontró que cumplían a rajatabla con todas las leyes sociales y de seguridad e higiene de su tiempo, en una época en la que aún regían las Ordenanzas de Perú, que castigaban con la pena de muerte a quienes fueran responsables de negligencias graves. 
Al respecto puede rescatarse lo observado por el perito Pedro Antonio Quijarro donde señala que en la mina La Moladera "con muy fundada razón debe llamarse la mejor mina del dicho Cerro, por su brillante laboreo, por la comodidad de sus caminos y por la seguridad de ella, debido todo a los gastos y sacrificios del propietario de ella, cuyo nombre será inmortal con semejante obra como a la humanidad y progreso del estado ..."; o en la mina Flamenco donde apuntó que "se advirtió un buen laboreo, mejor orden de trabajo, seguridad y ningún riesgo". Ello exime de mayores comentarios. Francisco de Paula Ortiz estaba casado con Azucena Alemán. 
En la Iglesia del Chamical (Salta), donde estuvo enterrado Gemes, se conserva una hermosa campana de bronce de 1860 que lleva el nombre grabado del matrimonio, que la donó. 
Serapio Ortiz estaba casado con doña Candelaria Viola Otero y Torres y tuvo tres hijos sobresalientes: 1) Miguel S. Ortiz (1847-1925). Doctor en Jurisprudencia. Político salteño que fue gobernador de la Provincia entre 1881 y 1883 estaba casado con Dolores Torino Solá. 
Fue Ministro del Interior del país durante la presidencia de Victorino de la Plaza; 2) Abel S. Ortiz (1850-1892). Doctor en Jurisprudencia. Estudió en Buenos Aires con el sabio Amadeo Jacques. 
Fue uno de los abogados más importantes de Salta en el siglo XIX. Participó en la delimitación de Salta con el Chaco. Estaba casado con Elisea Isasmendi Ortiz; 3) Ignacio Ortiz (1851-
1927). Médico salteño casado con doña Carmen Fleming. 
Su tesis de medicina en la Universidad de Buenos Aires versó sobre las fiebres palúdicas. Fue diputado nacional y rector del Colegio Nacional de Salta.

Ricardo Alonso:“La minería puede generar 80.000 puestos de trabajo en nuestra provincia”

 - El reconocido geólogo habló en la segunda presentación del ciclo sobre los beneficios de la minería sustentable.
Salta es una provincia riquísima, con un potencial económico difícil de ponderar. Si un gobierno, cualquiera sea, decide seguir las líneas rectoras que guían a las economías modernas, podría llegar a los niveles de actividad y de calidad de vida que pretendemos los salteños.
La actividad minera es un ejemplo claro. La economía mundial -y la vida de la gente- depende de la actividad minera desde la Edad del Bronce. Sin embargo, la preocupación general por el deterioro del ambiente, por una parte, y el oportunismo político de quienes utilizan el fundamentalismo con fines non sanctos, por otro, han satanizado a la minería y, en especial, la que se practica a cielo abierto.
La realidad es que el Estado provincial, si contempla el interés de los salteños, debe ocuparse de estimular la minería, incluso y especialmente a cielo abierto, y de vigilar a las empresas mineras para que cumplan las normas ambientales.
En ese contexto, el doctor en Geología y docente de la Unsa, Ricardo Alonso, ofreció el jueves 5 de junio un informe detallado sobre el potencial minero de Salta y las condiciones para que se traduzca en empleo y calidad de vida.
“El potencial minero de nuestra provincia nace de las características de los Andes centrales, emplazados sobre el encuentro de la placa de Nazca con la continental, donde existen un millar de volcanes únicos por sus características”, explicó Alonso, al describir a la tierra, al subsuelo y a los valles como un ser inmenso, que nos parece inmóvil e inerte, pero con una enorme dinámica que lo transforma sin cesar. “Dentro de cinco millones de años nada quedará de estos valles y de estos cerros” pronosticó Alonso cuando explicó que “la placa de Nazca avanza sobre el continente a la misma velocidad que crecen nuestras uñas, unos siete centímetros por año”.
Parece ciencia ficción pero no; es ciencia, nomás.
Una enorme fuente de empleo
En el suelo y el subsuelo de Salta abundan yacimientos de cobre, oro, molibdeno y litio (minerales estrella en la vida moderna) plata, uranio y azufre, además de los tradicionales boratos, sales, perlita y ónix. Son fortunas que valen miles de millones de dólares y que atraerán inversiones, también, por miles de millones. La minería salteña está en condiciones de generar diez mil puestos de trabajo en las minas, en blanco y con medicina prepaga, y unos 70 mil puestos indirectos, como efecto de multiplica ción.
Taca Taca, Lindero, Quevar y Diablillos son lugares estratégicos; allí, la tierra es particularmente generosa. Los volcanes fueron sacando a la superficie la riqueza de las entrañas del planeta y ahora, cuando la erosión los va haciendo desaparecer, los minerales quedan a la mano. A la mano de empresas que deben invertir capitales multimillonarios, porque necesitan maquinaria de excelencia manejada por expertos. “Y a la mano de miles de trabajadores, hoy subocupados, empleados en negro o desocupados”.
En las minas a cielo abierto, los inmensos camiones que transportan hasta 250 toneladas de barros y minerales por viaje son conducidos por mujeres. “­Y pensar que hay una salteña a la que no le quieren dar trabajo de colectivera!”, ironizó Alonso, al recordar a Mirta Sisnero, un símbolo de lucha en nuestra provincia. Una paradoja, porque hasta hace un tiempo, a las minas solo entraban varones. Para las mujeres era un reino vedado.
El mito inexplicable
Sin embargo, la minería aparece como un mito: “ La única minería significativa económicamente es lo que se llama megaminería; la minería artesanal ya no tiene envergadura, porque las inversiones que hace falta requieren grandes capitales”, señaló Alonso. “La minería contemporánea maneja estándares de seguridad para la gente y para el ambiente que en el pasado no existían”, remarcó.
Los temores, que Alonso, enfáticamente, considera infundados, hay llevado a que muchas provincias y municipios sancionen leyes y ordenanzas que restrinjan la minería. “Es inexplicable, porque el mundo del siglo XXI no existiría sin minería”.
“Los grandes proyectos no se ven como un premio de la naturaleza sino como un castigo para una sociedad mentalizada negativamente contra la minería”, opinó Alonso.
La minería le dio vida a Salta y moldeó su identidad a lo largo de cuatro siglos. Aunque algunos pretendan renegar de la historia tratando de contar “qué lindo hubiera sido si hubiera sido de otra manera” un tema para el psicoanálisis- el dato cierto es que la actividad minera hizo posible la próspera tarea del comercio de mulas, que estructuró la economía y el desarrollo de la provincia. Del mismo modo, una explosión económica de Salta facilitaría la recuperación de talleres ferroviarios, la metalurgia, los servicios de mantenimiento, el transporte en general, la construcción y toda la cadena que surge de cualquier actividad con efecto multiplicador.
La estabilidad y la seguridad
“Sin embargo, en Salta nos toca bregar con factores ajenos, que dependen de las decisiones del poder central; por ejemplo, para la inversión minera son plenamente desalentadores fenómenos como las trabas a las importaciones y las retenciones a las exportaciones que responden, claramente, a una visión distorsionada de los mercados y la economía planetaria, a los que debemos integrarnos, con autonomía y sentido nacional; no hacerlo sería una conducta cavernícola”, advirtió Ricardo Alonso. Lo mismo vale para “el cepo cambiario, la pesificación de las divisas al cambio oficial y la necesidad de reponer insumos con el dólar del mercado paralelo, además de la poca seriedad de las estadísticas y la inflación vergonzosa y vergonzante”. La actividad minera es un bien extraordinario, para las empresas, para la gente y para los pueblos. Es imposible desarrollarlo si se piensa que nuestro principal socio comercial va a ser Angola o Azerbaijan. Y también si cada gobernante de turno presiona para quedarse con su tajada. Sin seguridad jurídica y sin vocación de desarrollo Salta no tendrá desarrollo minero, agroalimentario, educativo ni laboral. Con vocación salteña, estoy seguro, podemos llegar muy lejos”, concluyó Ricardo Alonso.
Un encuentro para pensar el futuro de Salta
La exposición del doctor Ricardo Alonso se produjo en la segunda jornada desarrollada por Salta en un mundo en cambio, una propuesta para la reflexión sobre la realidad de nuestra provincia, sus posibilidades de desarrollo y las condiciones que impone el mundo contemporáneo.
Una mirada sobre ese mundo en que vivimos permite vislumbrar un crecimiento de las demandas de alimentos y de recursos mineros y energéticos que Salta está en condiciones de producir.
No existe ninguna razón para que nuestra provincia lidere las cifras de desempleo, empleo en negro y pobreza, que falten garrafas y que no haya gas domiciliario en todas las viviendas, que el ferrocarril de cargas sea inutilizable y que el desarrollo agrario esté paralizado.
Con orden institucional, seguridad jurídica y afianzamiento de la autonomía provincial y el principio federal que consagra la Constitución nacional, todo puede estar mejor.
En la sala del directorio de El Tribuno estuvieron, en la tarea de coordinación, el ex ministro de Trabajo José Amando Caro Figueroa y el abogado Daniel Nallar, el jefe de Redacción de El Tribuno, Daniel Chocobar, los columnistas habituales de este diario Armando Frezze, Céltico Rodríguez, Walter Neil Buhler, Francisco Fernández, Javier Cornejo, Lucas Dapena y Julio Moreno, el rector de la Unsa, Víctor Claros, el presidente del Concejo Deliberante de Salta, Ricardo Villada, el ex senador nacional Ricardo Gómez Diez, la defensora oficial Natalia Buira, el catedrático en Derecho Emilio Cornejo Costas, las economistas y docentes universitarias Silvia Alvarez e Ivy Giraudo, la ingeniera agrónoma Gabriela Valdez Naval, los abogados laboralistas John Grover Dorado y Víctor Hugo Sarmiento, el licenciado Felipe Medina, los jóvenes dirigentes empresarios Claudio José Cansino, Elías Soraide y Arnaldo López, el gerente comercial de El Tribuno, Nicolás Cornejo Costas, los periodistas Luis Borelli, Rodolfo Ceballos, Belisario Saravia, Pablo Juárez y el asesor de Redacción Francisco Sotelo.
Un científico comprometido
Ricardo N. Alonso es geólogo y doctor en Ciencias Geológicas, investigador del CONICET, profesor de las universidades nacionales de Salta y Jujuy, y profesor extranjero de la Universidad de Arizona (USA).
Realizó investigaciones científicas y actividad docente en varios países de América, Europa y Asia. Fue investigador visitante, conferencista y codirector de tesis en Cornell University. Es autor de más de 250 trabajos de investigación científica, medio centenar de libros y capítulos de libros, y de más de 1000 artículos de divulgación científica y periodística -la mayoría publicados en El Tribuno desde 1979- en distintas temáticas relacionadas con las Ciencias de la Tierra. Dirigió 40 tesis de licenciatura y doctorado. Fue galardonado con numerosos premios y distinciones nacionales. El viernes, horas después de su presentación en Salta en un mundo en cambio, recibió la noticia de que el XIX Congreso Geológico Argentino que se realizaba en Córdoba le otorgó el Premio Juan José Nágera “A la difusión de la geología”, entregado por la Asociación Geoló gica Argentina.
El Salar del Río Grande
Se encuentra en el sudoeste de la provincia de Salta a 3.630 metros sobre el nivel del mar. Tiene depósitos mineralizados que contienen 20 por ciento de sulfato de sodio decahidratado y salmuera con 13% de sulfato de sodio. Según un informe oficial, las reservas probadas alcanzan a 12 millones de toneladas de sulfato de sodio. 
El yacimiento Lindero
Tiene una inversión de 200 millones de dólares para la explotación de oro y cobre, en la puna salteña, a 70 kilómetros de Tolar Grande, departamento de Los Andes. El proyecto iniciado en los años noventa genera unos 1.000 empleos.
La Casualidad
Es la mayor reserva de azufre del país. Dio vida a la Puna en su época. Ubicada en el departamento de Los Andes, en el límite de Salta con Antofagasta, comparte las reservas con Chile. Su reactivación permitiría generar materia prima estratégica, reactivaría el C 14 y, de acuerdo con las magnitud del proyecto, produciría una gran cantidad de empleos.

lunes, 6 de enero de 2014

Prehistoria de Salta

 Ricardo N. Alonso
Dr en Ciencias Geologicas
Unsa Conicet

    Estos diez mil años de prehistoria han dejado un sinnúmero de registros arqueológicos valiosos en la humanidad.
    El elemento más antiguo, por ahora, es una punta de proyectil tipo “cola de pescado”, hallada en Cobres.
    La prehistoria de Salta abarca desde la llegada de los primeros cazadores recolectores que cruzaron el estrecho de Bering en América del Norte y aparecieron por América del Sur hacia finales del Pleistoceno, unos 15 mil años atrás, hasta la invasión del imperio inca. Los registros humanos más antiguos provienen de Argentina, Chile y Brasil.
    En nuestro país, se encontraron restos fósiles de grandes mamíferos de la megafauna pleistocena con claros indicios de haber sido víctimas del hombre primitivo (ej., toxodontes, gliptodontes, megaterios).
    Lejos estamos de aquellas discusiones que se planteaban a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando nuestros grandes naturalistas, entre ellos el sabio Florentino Ameghino, sostenían la presencia del “Hombre Terciario” y a la República Argentina como la cuna de la humanidad.
    Debates acalorados, denuncias de fraude, virulentos ataques académicos fueron el saldo de aquellas discusiones. Sabemos que el hombre entró en América por el estrecho de Bering (sin descartar otras vías) y en pocos miles de años cruzó el continente desde Alaska hasta Tierra del Fuego.
    La llegada a Salta de esos viejos cazadores recolectores no se conoce con certeza. Herramientas líticas de ese periodo se han encontrado en diversos lugares de nuestra geografía, especialmente en la Puna y los valles de la Cordillera Oriental. Tal vez el elemento más antiguo sea por ahora una punta de proyectil tipo “cola de pescado”, hallada en Cobres, al occidente de Salinas Grandes, la cual fue estudiada por el arqueólogo Javier Patané Aráoz.
    Los hallazgos de Barro Negro y Cueva de Huachichocana, en Jujuy, y los de Santa Rosa de los Pastos Grandes en Salta se refieren al hombre del Holoceno temprano. Los restos óseos descubiertos en las viejas terrazas fluviales del río Arenales en la zona de Floresta, que fueran designados como “Paleoanthropus saltensis” por el profesor Amadeo R. Sirolli y “Saltanthropus”, por Dick Ibarra Grasso, también pertenecen a esa época.
    Dataciones por luminiscencia realizadas por colegas de Escocia (Dra. Ruth Robinson) y el suscripto indican una antigedad de 8.000 años para esas terrazas. Los arqueólogos han elaborado una periodización cronológica del origen y ocupación del espacio por el hombre en el noroeste argentino. En este sentido, debe destacarse el notable esfuerzo realizado por el Dr. Alberto Rex González como estudioso y sistematizador de todo el periodo prehistórico de la región NOA, así como también formador de numerosos investigadores. Salta está en deuda con este ilustre sabio contemporáneo.
    Un interesante trabajo de síntesis corresponde al “Mapa arqueológico de la provincia de Salta” (2000), de la Lic. Mirta Santoni y colaboradores, que muestra las localidades arqueológicas de las distintas unidades geográficas de la provincia y su ubicación en el tiempo.
    El periodo más antiguo es conocido como “Arcaico” y cubre un lapso aproximado de 8.000 años desde el Pleistoceno tardío al Holoceno tardío, entre 11 y 3 mil años atrás (9000 a.C al 1000 a.C). Téngase presente que el nuevo límite aceptado Pleistoceno/Holoceno se ubica 11.700 años antes del presente.
    El periodo Arcaico corresponde a la ocupación más antigua caracterizada por cazadores recolectores nómades que se mueven en bandas o familias extensas. Habitan aleros, grutas o abrigos naturales y se ubican en lugares cercanos a las aguadas. Entre los sitios con evidencias de este periodo se encontraron Ampajango, Ayampitín, Puente del Diablo (La Poma), Salinas Grandes, entre otros. Es durante los últimos 2.000 años de este momento en que se produce la domesticación de todos los vegetales que van a constituir la base alimentaria de las sociedades que se desarrollan a posteriori y que definen su carácter.
    Producción de alimentos
    Le sigue el periodo denominado “Agro Alfarero Temprano” o “Formativo Inferior”, que cubre un lapso de entre 3.000 y 1.500 años atrás, esto es entre 1000 a.C y 500 d.C. Este periodo está relacionado con los productores de alimentos, en aldeas incipientes, con el cambio desde el nomadismo al sedentarismo.
    Esto trae aparejado además de un aumento demográfico la fabricación de alfarería y el pastoralismo. La época está representada por los sitios de La Candelaria, San Francisco, Tafí, Alamito, Condorhuasi y Ciénaga. Al anterior le continúa el periodo denominado “Agro Alfarero Medio” o “Formativo Superior”, que duró aproximadamente 400 años, entre 1100 y 1500 (esto es entre 500 d.C al 900 d.C). Este periodo viene acompañado de cambios en el orden social y religioso, así como de lugares ceremoniales y de culto conocidos con el nombre de allpataucas. Ello está representando por la Cultura La Aguada. Sitios donde se han encontrado claras evidencias de este periodo son los valles de Lerma y Calchaquí, así como Banda de Arriba en Cafayate y Molinos. Luego se tiene lo que se ha dado en llamar “Agroalfarero Tardío” o de “Desarrollos Regionales”, el cual duró aproximadamente 500 años entre el 950 d.C al 1450 d.C.
    En esta etapa ya se cuenta con productores especializados con un importante crecimiento poblacional. Los entierros se realizaban en urnas, especialmente de niños, y en lugares específicos o sea en cementerios. Hay en casi todo el noroeste argentino una clara influencia de la Cultura Santamariana. Los sitios con presencia de este periodo son Santa Rosa de Tastil, Tolombón, Las Pailas, El Churcal, Pampa Grande, Colomé y Seclantás, entre otros. El penúltimo periodo corresponde al “Incaico” o Inka entre el 1300 d.C al 1536 d.C, que dura unos 250 años superponiéndose al Tardío o siendo contemporáneo de éste, ha dejado abundantes registros en el noroeste argentino, desde los famosos “Caminos del Inca” o kapacñan, andenería con complejos sistemas de riego, kallancas, pucarás o fortalezas defensivas, santuarios ceremoniales de altura como los del Llullaillaco, acompañados de ofrendas de cerámicas y una orfebrería de metales exclusiva. A este periodo pertenecen Potrero de Payogasta, Cortaderas, Chivilme, los graneros o silos de La Poma, Puerta La Paya, las ruinas de Incahuasi, Pacuy y muchos otros.
    Finalmente, en el siglo XVI se produce la llegada de los primeros españoles que van tomando contacto con los distintos pueblos indígenas, dominando las sociedades e introduciendo profundos cambios culturales y tecnológicos. Se conoce este momento como el “Período Hispano Indígena”, el que se cuenta a partir de 1536, siendo esta fecha la llegada de las primeras expediciones al noroeste argentino. Se encuentran evidencias de este contacto en Cobres, Incahuasi (Catamarca), Agua de los Loros, Molinos, Caspichango, Cachi Adentro, entre otros, principalmente en la región de los Valles Calchaquíes.
    Estos diez mil años de prehistoria han dejado un sinnúmero de registros arqueológicos valiosos que van desde simples herramientas líticas, hasta todo tipo de cerámicas, arquitectura, herramientas, armas, morteros, arte rupestre, pinturas, petroglifos, metales (cobre, plata, oro, bronce), restos óseos, textiles, etcétera, que se atesoran en los distintos museos regionales de la provincia. Gracias a las técnicas de datación se ha ido identificando con mayor precisión la antigedad de los diversos sitios arqueológicos y hoy se cuenta con un importante registro de toda esa actividad en la abundante literatura especializada sobre el tema.

    martes, 31 de diciembre de 2013

    la mineria hoy en Salta

    OPINIÓN

    El ex diputado Alonso y su visión del estado actual de la minería en la provincia

    El ex diputado Alonso y su visión del estado actual de la minería en la provincia
    El ex legislador salteño y doctor en Ciencias Geológicas, analizó la situación de la industria minera por la que atraviesa la provincia.
    La provincia de Salta mantiene intactos cuatro grandes incentivos para el inversor minero como son: Primero una política de estado pro-
    minera tal como lo establece además el Artículo 82, “De los Recursos Mineros”, en la Constitución de la Provincia de Salta, que dice: “La Provincia promueve la exploración y explotación de los yacimientos mineros existentes en su territorio, velando por la correcta aplicación y cumplimiento de las leyes.
    Procura la industrialización de los minerales en su lugar de origen, favorece la radicación de empresas y atiende el mantenimiento y desarrollo de las comunicaciones y energía, en zonas mineras”. A lo que habría que agregarse, velando además por un desarrollo sustentable (Art. 41, de la Constitución Nacional). Esta política de estado se mantuvo en el tiempo, sin variar, con las distintas administraciones políticas más allá de los enfoques propios de los lineamientos políticos legítimos ejecutados por cada funcionario.
    Segundo, una autoridad judicial y no administrativa en la concesión de la propiedad minera.
    Esto es un juez de minas judicial que hace cumplir estrictamente la normativa brindando un marco de seguridad y estabilidad jurídica.
    Tercero, un desarrollo de infraestructura en la región Puna, el área minera por excelencia, con un gasoducto que abastece de gas a las localidades de San Antonio de los Cobres, Olacapato y Pocitos, e inclusive desde esta última se transporta hasta el salar del Hombre Muerto para las explotaciones de litio de FMC-
    Minera del Altiplano.
    Cuarto, un potencial minero “intonso”, esto es como un libro que no ha sido abierto o al que menos se conocen solo las primeras páginas, tal como lo expuse y desarrollé en mi conferencia del jueves 5 de septiembre de 2013 en la provincia de San Juan en ocasión de celebrarse el cincuenta aniversario de la Cámara Minera de San Juan.
    Malos momentos
    Ahora bien, la minería en Salta no está pasando por un buen momento.
    Y esto le ocurre también a muchas otras provincias argentinas.
    Tanto por los factores externos como por los factores internos.
    En Salta hubo muchos avances en exploración con varios miles de metros perforados en algunos depósitos clásicos como son los pórfidos de cobre y oro de Taca Taca, Río Grande y Lindero, habiendo este último pasado ya por todas las etapas relativas a la licencia ambiental y social, factibilidad, estando listo para ser explotado.
    Sin embargo aún no ha conseguido el financiamiento total para comenzar el arranque.
    Igual resulta alentador saber que cuenta con inversionistas nacionales que apoyarían su puesta en marcha.
    Proyectos frenados
    Otros proyectos metalíferos están detenidos por cuestiones económicas caso del epitermal con sulfuros y sulfosales de plata del volcán Quevar. O por cuestiones políticas como el proyecto Diablillos en la zona de conflicto limítrofe entre Salta y Catamarca en el salar del Hombre Muerto.
    La actividad exploratoria del litio se ha reducido desde una docena de empresas a menos de la mitad.
    Se mantiene la actividad extractiva de los boratos dentro de la minería tradicional.
    El resto de la minería no metalífera es prácticamente irrelevante.
    Factores externos
    Decíamos que hay factores externos que tienen que ver con los mercados, las bolsas y la caída del precio de los metales, pero también con la desconfianza que generó la República Argentina en los últimos años.
    Es muy difícil poder explicarle a un inversor que hay provincias, departamentos o municipios, incluso con una larga tradición minera y que sin embargo prohiben la minería; que hay trabas a las importaciones; retenciones a las exportaciones; cepo cambiario; desdoblamiento y control del tipo de cambio; encaje del Banco Central e ingreso de divisas pesificadas; insumos con precios en el dólar paralelo; presión impositiva nacional, provincial y hasta municipal con creación de nuevos impuestos (ej. Santa Cruz); falseamiento del índice de precios del Indec; alta inflación y depreciación de la moneda; inseguridad e inestabilidad jurídica; presión del Estado para asociarse en ciertos proyectos mineros.
    Y que además los grandes proyectos ya no se ven como un premio de la naturaleza sino como un castigo para una sociedad mentalizada negativamente sobre la minería debido a la propaganda permanente de organizaciones ambientalistas internacionales enemigas del progreso de los pueblos en vías de desarrollo (ej., falacia ambiental sobre la reserva de San Guillermo en San Juan, glaciares).
    Precisamente en San Juan donde el gobernador Gioja logró cambiar la matriz económica de su provincia gracias a la minería.
    Sin inversores
    No han sido tampoco buenas señales para los inversores el problema que se suscitó con el proyecto de potasio Río Colorado de la empresa brasileña Vale do Rio Doce, como tampoco el problema suscitado con el proyecto Lama-Pascua, precisamente por los problemas que se han generado desde el lado de Pascua o sea desde el lado chileno.
    Lamentablemente la minería argentina no termina de despegar y la culpa de eso son las políticas erráticas y equivocadas que se han sostenido en la última década.
    Para qué despegue la minería hay que liberarla de ataduras, sacarle los palos de la rueda.
    Fallas en el sistema
    La minería es un complejo mecanismo de relojería donde si falla un engranaje falla todo el sistema.
    Para comprender a la minería hay que penetrar profundamente en lo holístico, comprender acabadamente la esencialidad, singularidad y complejidad de una actividad única entre todas las actividades económicas del hombre.
    Albur, azar, contingencia, casualidad, causalidad son algunos de los elementos de la matriz que hace de la minería una actividad única y singular.
    Esto es lo que propongo en mi reciente libro “Filosofía de la Minería” que fuera editado por la editorial Mining Press de Buenos Aires y que presenté en la Embajada de Canadá el 8 de mayo de 2013, con la concurrencia de numerosas autoridades, empresarios y actores del sector.
    La República Argentina en general y Salta en particular tienen en la minería un potencial para un desarrollo económico legítimo que permita una verdadera revolución en el campo de los recursos no renovables tal como la soja lo está logrando entre los recursos renovables.
    Y ello depende exclusivamente de la seriedad con que se encaren las políticas mineras hacia el futuro.
    Fuente: Ricardo Alonso - El Tribuno

    sábado, 9 de noviembre de 2013

    La Salta que nos merecemos

    RICARDO N,ALONSO, 
    Dr. en Ciencias Geológicas 
     docente e investigador de la UNSa, diputado provincial por el Frente Salteño.

    Aquellos 100 primeros españoles que fundaron Salta en el pantanoso valle intermontano que nos cobija y en donde están enterrados nuestros antepasados, jamás sospecharon que se convertiría en una ciudad pujante. Muchas ciudades de la actual provincia desaparecieron rápidamente por múltiples causas como Barco, Cáceres y Talavera.
    Como salteño amo a mi provincia y estoy orgulloso de haber nacido en ella, de haber estudiado en una universidad gratuita y de haber vivido aquí por casi seis décadas. Durante ese tiempo he visto pasar gobiernos buenos, regulares y malos, gobiernos que hicieron “la plancha” en la gestión, y hasta un gobierno que declaró que Salta era una provincia inviable ­Justamente Salta! que por su situación geográfica es casi un país.
    Salta tiene una superficie equivalente a la de algunos países europeos, limita con tres naciones y otras seis provincias argentinas y hasta tuvo salida al mar! Posee una increíble variedad de climas, desde los helados volcanes cordilleranos que albergaron las momias del Llullaillaco, hasta el trópico caliente del Baritú, pasando por los valles fértiles, secos y templados, de Calchaquí, Lerma y Siancas. Está bendecida con una Puna rica en minería y un subsuelo subandino y chaqueño impregnado de gas y petróleo.
    Sería largo enumerar las riquezas de nuestro suelo que incluyen la vid calchaquí, los cítricos oranenses, el poroto del sur, la soja chaqueña, el tabaco de Lerma y la caña de azúcar.
    En los años de la administración del Dr. Juan Carlos Romero, se realizaron grandes obras de infraestructura, que cambiaron la imagen de Salta, proyectándola exitosamente en el siglo XXI. Nos hizo sentir orgullosos de ser salteños. Extensas autopistas, el megacentro de convenciones, el estadio Padre Martearena, la Ciudad Judicial, el Hospital del Milagro, nuevas escuelas, revalorización del casco céntrico, museo de las momias (MAAM), museo de arte contemporáneo, orquesta sinfónica, gasoductos de la Puna y Anta, autopista de ingreso a Salta, complejo de bibliotecas, paseo de la Balcarce, el moderno aeropuerto, rutas varias, barrios enteros, entre centenares de obras más a lo largo y a lo ancho de la provincia.
    Todo lo que aún se puede hacer
    Fueron una primera etapa en esta “fecunda revolución de realizaciones positivas”. Quedan todavía muchísimas cosas por hacer en todos los campos de la vida provincial; no solamente en las grandes obras sino también en lograr una cada vez mejor calidad en salud, educación, vivienda y seguridad.
    Siguiendo los carriles del progreso, Salta necesita de más inversión vial, minera, industrial, hidráulica, petrolera, agrícola y ganadera. Se hace necesario entonces, seguir creando la infraestructura adecuada para atraer cada vez más y mejores capitales; para industrializar y dar valor agregado.
    El Ferrocarril Belgrano debe ser reinstalado, modernizándolo para su óptimo funcionamiento. Se necesitan nuevas líneas de alta tensión para que Salta y el NOA puedan crecer. Se necesitan más y mejores rutas para bajar las tasas de mortalidad por accidentes ya que hoy mueren entre 150 y 200 personas al año.
    Hay que volver a liderar la región y Juan Carlos Romero está en condiciones de hacerlo. La gente quiere volver a recuperar el honor de ser salteños. Precisamos hombres y mujeres firmemente plantados, comprometidos con Salta y no con el centralismo devorador, unitario y acomodaticio de Buenos Aires. Para ello necesitamos de la tremenda potencia de trabajo y energía que representa la Dra. Sonia Escudero, una salteña de ley, para acompañar a Romero en el Senado de la Nación.

    martes, 5 de noviembre de 2013

    Max Siewert y el origen de la química en Salta

    Ricardo N. Alonso
    dr en Ciencias Geologicas
    Unsa Conicet

    Siewert estudios químicos sobre el petróleo salteño de los cuales analizó sus gases y parafinas.
    Siewert está considerado como uno de los pioneros de la ciencia química en la Argentina.
    La Salta del siglo XIX está llena de sorpresas. Por muchas razones fue atractiva a distintas personalidades extranjeras de gran valía intelectual que encontraron un terreno fértil para sus actividades, emprendimientos o estudios académicos. Entre ellos pueden mencionarse al médico y naturalista Joseph Redhead, al boticario José María Todd y al cirujano Robert Miln, todos ellos escoceses; al médico italiano Paolo Mantegazza, al farmacéutico irlandés Miguel Fleming, al enólogo francés Fran‡ois Durand, al industrial alemán Otto von Klix; los tres últimos genearcas de las familias en Salta con esos apellidos; así como numerosos italianos dedicados a la agricultura, franceses al comercio y alemanes a la minería. Salta se hizo cosmopolita en el siglo XIX y entre la pléyade de nombres que pueden rescatarse de la historia hay uno muy especial y que ha pasado casi desapercibido. Se trata del sabio alemán Max Siewert, quién está considerado como uno de los pioneros de la ciencia química en la Argentina junto a otros grandes como nuestro connacional Pedro Narciso Arata y el escocés Juan J. J. Kyle.
    Max Hermann Siewert (1843- 1877) nació en Marienwerder (Alemania), en tiempos de su pertenencia a Prusia oriental, el 10 de noviembre de 1843. Su padre quería que estudiara leyes pero su vocación era la química. Se doctoró en la Universidad de Halle en 1859 con una tesis sobre el ácido abiético, que es el ácido que generan los pinos para no ser atacados por hongos y que se extrae de las resinas. Luego pasó a la Universidad de Goettingen en la que trabajó sobre el cromo y sus óxidos y regresó más tarde a Halle, donde fue nombrado profesor extraordinario.
    Hasta entonces había publicado numerosos artículos en las revistas científicas alemanas sobre los más diversos campos de la química inorgánica, orgánica, fisiológica y legal, que incluían el cromo, cadmio, cobre, sales, alcaloides, fósforo, ácidos, etcétera. El presidente Domingo F. Sarmiento le encargó al Dr. Carlos Burmeister que fuera a Europa y contratara los mejores científicos y profesores para la nueva Academia Nacional de Ciencias de Córdoba con un sueldo de 250 pesos fuertes (una fortuna). Siewert no lo pensó mucho, se casó con su joven novia el 21 de julio de 1870 y el mismo día de la boda emprendieron el viaje a Buenos Aires, adonde llegaron al comienzo de una epidemia de fiebre amarilla. Pasaron a Córdoba, donde se instalaron y el Dr. Siewert comenzó con sus actividades consistentes en montar un laboratorio químico de última generación. Allí analizaría toda clase de materias inorgánicas y orgánicas, aguas de diferentes naturalezas, fibras vegetales y animales, tinturas, betunes, ácidos vegetales, y en fin todo lo que le llegaba de parte de los distintos científicos que poblaban la academia. No solamente trabajaba en las cuestiones experimentales sino que además ponía énfasis en la aplicación de sus estudios a las incipientes industrias. Por ejemplo, cuando escuchó decir a Sarmiento que en Argentina no se fabricaba ni una hoja de papel, se puso a estudiar con ese objetivo cuantas fibras vegetales se le cruzaran, desde la corteza de los álamos, la paja del trigo y otros cereales, hasta los pastos pampeanos que se utilizaban para construir ranchos. Analizó decenas de minerales que le acercó Alfred Stelzner, el padre de la geología Argentina, entre ellos la columbita, apatita, fluorita, triplita, calizas, carbón de piedra, etcétera.
    Estudió la leche de vaca, el excremento de los cóndores, la acción curtidora de las cortezas de cebil, quebracho, algarrobo y molle, las materias tintóreas utilizadas por los nativos, los petróleos procedentes de varias provincias, entre muchas otras cuestiones que publicó en distintos medios científicos de la época. Todo marchaba de maravillas, pero Burmeister era un viejo prusiano lleno de laureles académicos y, al parecer, bastante paranoico, que con un primer decreto presidencial hizo echar a la mitad de los científicos que había contratado y con un segundo lo expulsó también a Siewert y los que quedaban.
    Adujo que él quería que éstos enseñaran, que formaran discípulos, y no que se la pasaran explorando -los naturalistas- o encerrados en su laboratorios los demás. Sarmiento no quería perder a sabios de tanta valía y tampoco quería contradecir al gran Burmeister. Fue entonces que designó al Dr. Siewert en la vieja Escuela o Quinta Agronómica de Salta y a su vez como profesor del Colegio Nacional. Nuestra provincia vio pasar así a uno de los grandes sabios de la química del siglo XIX, quién arribó en 1874 y permaneció hasta 1876. Siewert llegó con su esposa y sus cuatro “argentinitos”, los hijos pequeños que habían nacido en Argentina.
    En Salta se enfermó de fiebre palúdica y eso lo tuvo a mal traer en sus investigaciones, ya que le producía muchas molestias y reducía su capacidad de trabajo.
    Así y todo, se las ingenió para hacer aportes valiosos a nuestra provincia, especialmente en el estudio de las aguas, tanto las de los ríos como las termales y las subterráneas. Entre las termales estudió especialmente las de Rosario de la Frontera y las de El Bordo. En las de Rosario de la Frontera, tomó muestras y analizó las fuentes llamadas sulfurosa, salada, alcalina y silicosa.
    También hizo un análisis de las aguas de pozo de la ciudad para comprobar su potabilidad. Tomó muestras y analizó químicamente las aguas de los ríos Arias, Calchaquí, Guachipas, Juramento y Salado. En todos los casos, los análisis lucen muy modernos, con gran precisión de los valores de los distintos aniones y cationes. Manuel Solá, en su famosa “Memoria descriptiva de Salta” de 1889, reproduce algunos de los análisis que fueron hechos por Siewert a quién, además, considera como un “distinguido químico” (pág. 58-62).
    También se le debe a Siewert estudios químicos sobre el petróleo salteño de los cuales analizó sus gases y parafinas. Se dedicó a un estudio del lapacho, del cual obtuvo el “ácido lapacínico” que publicó en revistas nacionales y extranjeras. Hoy, más de 130 años después, los ácidos derivados de la corteza del lapacho se están estudiando por sus propiedades farmacológicas tales como las antitumorales, anti-infecciosas, anti- inflamatorias e inmuno- estimulantes.
    Finalmente el Dr. Siewert regresó a Alemania a fines de 1876 y en 1877 fue nombrado director del Instituto de Experimentación Agrícola en Danzing, donde trabajó hasta su muerte, el 16 de febrero de 1890, a los 59 años de edad, dejando viuda y cinco hijos, cuatro de ellos nacidos en Argentina.
    Murió mientras experimentaba con una autoinoculación y los elogios fúnebres lo destacaron como un mártir de la ciencia que falleció en su puesto de trabajo. Esta es la biografía sintética de un prócer de la ciencia que el destino quiso que llegara circunstancialmente a nuestra provincia y la enriqueciera con su sabiduría.